En una negociación colectiva siempre hay un juego de roles.
Los trabajadores a través de su organización sindical (o sus organizaciones
sindicales) siempre asumen el papel más protagónico porque son los únicos con
capacidad jurídica de iniciar el conflicto colectivo presentando el pliego de
peticiones. Y son los únicos que pueden ejercer el derecho de huelga.
El gobierno, a través del Ministerio del Trabajo, no juega
un papel activo como debería, pues el mandato del artículo 55 superior dice que:
“Es deber del Estado promover la
concertación y los demás medios para la solución pacífica de los conflictos
colectivos de trabajo.”
Cuando hay negativa a negociar el Ministerio se demora como
2 años para resolverlo, aun cuando debería tener un procedimiento breve y
sumario. En ese tiempo los sindicatos son acosados por el empleador. Existen múltiples
casos para contar. Sobre eso no se dice nada.
Pero hoy en día, hay otro agente, que aunque no debería involucrarse
en la negociación colectiva, juega un papel determinante, sobre todo cuando se
trata de empresas o sindicatos relevantes en el país: los grandes medios de comunicación. Y juegan un papel importante,
no para ponerse al lado de los más débiles, sino de los más fuertes, del que
uno diría que no necesita respaldo de nadie pues lo tienen todo.
Los medios, apenas conocen el pliego, obviamente con
auspicio de los empleadores, dicen que los estudian y los calculan. Sacan
cifras y titulares que tienen un propósito fundamental: generar opinión pública
en contra del sindicato que lo ha presentado. Es la fórmula que les han aplicado
a Fecode, a los empleados públicos, a los pilotos de Avianca a los trabajadores
del Banco de la República y de la ETB y ahora a los trabajadores sindicalizados
de Ecopetrol.
La fórmula empieza por atacar el contenido del pliego, sin precisar,
que el pliego es el conjunto de aspiraciones de los trabajadores, más no lo que
al final se acuerda. Después empiezan a decir que la empresa es importante para
el país, como si el sindicato o los trabajadores no lo supieran. Salen decenas
de opinadores, a través de publirreportajes pagados por grandes pautas
publicitarias, a satanizar el pliego. Después dicen que la empresa presta un
servicio público esencial, calculan cuánto vale un día de huelga y así
sucesivamente se genera un ambiente en contra del sindicato y sus aspiraciones.
Y el derecho laboral del enemigo aparece. La receta es la misma. No debería
sorprendernos, por el contrario, deberíamos estar preparados para ello. Siguen
al pie de la letra la fórmula propuesta hace algunos años por Friedrich Hayek[1] mientras
nosotros desestimamos seguir las recomendaciones del profesor Marcio Tulio[2].
Un conflicto colectivo siempre va a incomodar a terceros,
pero no significa eso que deben dejar de existir. Los conflictos colectivos son
importantes para la democracia y así lo debería entender todo el mundo. Como
lo dijo Mouffe, “en una organización
política democrática, los conflictos y las confrontaciones, lejos de ser un
signo de imperfección, indican que la democracia está viva y se encuentra
habitada por el pluralismo”[3].
Tenemos que comprender que los medios tienen unos intereses, así mismo
los empresarios y el gobierno. Los trabajadores también los tenemos y con eso
nos toca convivir. Cada quien juega un rol en el conflicto colectivo.
El sindicato no hace más que presentar un pliego de
peticiones que es un conjunto de aspiraciones laborales. Y claro que las
aspiraciones laborales siempre serán las de mejorar las condiciones actuales en
desarrollo del principio de progresividad y prohibición de la regresividad
propios de un Estado Social de Derecho como el nuestro. Y eso no le va a gustar
al empresario que siempre querrá sostener el statu quo. El empresario siempre querrá que no haya negociación colectiva,
que se prorrogue la convención, que se congelen los salarios. La mejor versión
del sindicato para un empresario colombiano es el que no existe.
Entre más grande la empresa y más ingresos operacionales
tiene, es apenas lógico que sus trabajadores piden más, al fin y al cabo son
los trabajadores los que generan esa plusvalía. Lo que busca la negociación
colectiva, de origen constitucional y legal, es generar un equilibrio entre
capital y trabajo, una contradicción que siempre va a existir, por los siglos
de los siglos. Como lo dice la misma legislación laboral colombiana en su
artículo 1[4]:
“la finalidad primordial de este código
es la de lograr la justicia en las relaciones que surgen entre empleadores y
trabajadores, dentro de un espíritu de coordinación económica y equilibrio
social”. Aquí no hay nada de extraño.
La evidencia empírica demuestra que no hay procesos de
insolvencia empresarial sustentados en la existencia de una convención o de un
sindicato, máxime, cuando, por el contrario, sí existe registro de que varios
sindicatos han hecho acuerdos de condiciones laborales especiales para salvar
las empresas y conservar las fuentes de empleo.
En un país tan desigual como esta cualquier aspiración por
encima del salario mínimo parece escandalosa mientras la corrupción se lleva el
dinero de nuestro país y nos cargan más impuestos a los trabajadores para
llenar los huecos fiscales.
La USO le ha servido al país desde su creación. Favorece a
muchas regiones que han tenido atención de Ecopetrol y de las petroleras
multinacionales gracias a sus luchas. La USO ha innovado en los contenidos de
negociación colectiva, no solo incluye los gremiales, que aunque son
importantes, ha dado relevancia a lo político, a lo social. No nos van a intimidar
con titulares de prensa exagerados y absurdos. Ya sabemos su propósito.
La USO tiene un recorrido histórico que pesa y ha ganado de
su lucha internacional el reconocimiento del derecho de huelga que puso de
nuevo en la empresa a 248 despedidos ilegalmente en el 2004[5].
Vamos a defender la empresa del apetito voraz del capital
privado y del gobierno neoliberal de turno. Vamos a exigir responsabilidad
social empresarial en esas regiones en el olvido y vamos a mejorar
progresivamente las condiciones laborales de los más explotados. Eso no nos
debe dar pena, ni nos debe avergonzar. Lo vamos a hacer con orgullo y con la
frente en alto mientras que los altos directivos de la empresa buscan con
nuestro pliego, tapar los escándalos de corrupción y de derroche más grandes
del país.
[1] “Sindicatos
¿Para qué?”. 2009
[3]
MOUFEE, C., La paradoja democrática,
Gedisa, Barcelona, 2000. Pág. 50
[4] Considerada por el profesor Marcel Silva como una “derrota al sindicalismo” en SILVA Romero, Marcel: “Flujos y reflujos: reseña
histórica de la autonomía del sindicalismo colombiano”. Universidad Nacional de
Colombia. 1998. Bogotá, Colombia.
[5] Se puede consultar toda la trazabilidad del caso en
http://www.ilo.org/dyn/normlex/es/f?p=1000:50001:0::NO:50001:P50001_COMPLAINT_FILE_ID:2896954
Excelente artículo, contextualiza y orienta el quehacer de las organizaciones sindicales hoy en Colombia.
ResponderBorrarExcelente su aporte Edwin, ojala tuviera más accesibilidad a los trabajadores de Ecopetrol. En un boletín. Utilizando palabras más amigables con estos trabajadores, usted sabe que no todos los trabajadores tienen ese vocabulario técnico que utilizan los abogados como usted. Y mucho profesional es corto también en su vocabulario. Felicitaciones muy buen aporte.
ResponderBorrarResaltó el trabajo de los dirigentes nacionales de la uso en los conflictos colectivos de las emoresas multinacionales, donde con por de lucha y con las botas puestas se han firmado convenciones colectivas mejorando de algún modo las condiciones laborales,Y dejando como enseñanza para la población obrera que la formación sindical quita de los ojos la venda patronal de la explotación laboral.
ResponderBorrarEstamos negociando con ECP y con el Gobierno que se apoyan en el poder de los medios que ojalá nos dieran el derecho a la réplica.. En este caso pretenden satanizar a la USO ponerlo como el malo del paseo, poner a los trabajadores contra la opinión pública para después privatizar o vender la empresa y de paso eliminar los derechos laborales conseguidos q contribuyen a generar trabajo decente
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